
PRIMERO.- A tenor de las evidencias fotográficas y fílmicas el conductor responsable de este acto se encontraba en evidente estado de ebriedad, lo que agrava su situación: es decir, no ha sido un accidente más de los miles que ocurren en nuestras carreteras. El hecho de beber licor y luego conducir transforma al chofer en un asesino en potencia. Y esto es lo que ha ocurrido, un crimen sin nombre, ni justificación.
SEGUNDO.- Por lo expuesto, condenamos enérgicamente esta trágica negligencia criminal y por lo tanto exigimos a las autoridades que administran justicia aplicar la máxima sanción que prevé la ley, evitando cualquier atisbo de complicidad, desidia o falsa piedad.
TERCERO.- Instamos a las autoridades locales, regionales, policiales y del Ministerio de Transportes y Comunicaciones aprobar medidas más severas y contundentes y un monitoreo más cercano del tránsito vehicular para evitar que esta ola criminal continúe impunemente, manchando nuestras pistas con sangre de seres humanos, destruyendo porvenires y dejando en el dolor y orfandad a la familia.